El debate da para largo, pero lo cierto es que un estudio demostró que si quiere ser feliz no debe tener hijos; ya que cuando alguien tiene hijos, se genera algo denominado «la paradoja de la paternidad».

Quizá muchos que ya son padres o que planean serlo dirán de una vez que la información no es real, pero aquí le explicaremos por qué y, de hecho, cómo podría entender la situación para no «culpar a sus hijos».

El estudio, publicado en la página Positive Psycology, señala que tener hijos aumenta en elevados niveles el estrés, la falta de tiempo libre para proyectos personales, privación del sueño y, por supuesto, la carga financiera que tiene detrás de sí más factores relacionados con la ansiedad por tener el dinero suficiente para poder satisfacer las necesidades de la familia.

Por supuesto, todo esto es peor para aquellos que son padres solteros.

Y es que psicólogos especializados señalan que la vida de una persona llega a su punto máximo de felicidad en dos ocasiones, lo que demuestra que cuando no están los hijos es cuando más feliz se es:

  • el tiempo entre la boda y el nacimiento del primer hijo
  • el tiempo entre la salida del último hijo del hogar y la muerte del cónyuge
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Con esto, lo que realmente se plantea es que esa «paradoja de la paternidad» que plantea Seph Fontane Pennock es porque se generan expectativas y deseos poco realistas con respecto a la felicidad personal.

En sí, cuando una persona se convierte en padre, no elige la felicidad para sí mismo sino para su decendencia, lo que en su totalidad no lo llenaría de satisfacción plena al no tratarse de una realización personal.

Entonces, ¿por qué la gente tiene hijos?

El experto concluye que en muchas ocasiones la gente tiene hijos como parte de su proyecto de vida inculcado por la sociedad, para arreglar una relación de pareja o simplemente por una necesidad evolutiva.

Eso sí, es importante aclarar algo: la felicidad no depende de si se tiene hijos o no, sino que la mayoría de las personas hacen de sus hijos su prioridad olvidando que la felicidad es personal, con respecto a aquello que da satisfacción.

Hoy en día, por ejemplo, la generación Millennial en su mayoría ha optado por no reproducirse, como el caso de una joven de 22 años que decidió hacerse la ligadura de trompas a su edad tan corta.