“Corté la relación con mis padres, por mi salud mental”: esta es quizá una de las frases más comunes que se le pueden escuchar a jóvenes entre los 18 y los 35 años, quienes decidieron dejar de hablar con sus progenitores.

Si bien no es nuevo el hecho de que existan familias fracturadas con hijos que sencillamente decidieron cortaron comunicación, la tendencia está en incremento.

Estudios como el del sociólogo Karl Pillemer señalan que el 25% de las personas viven con algún tipo de distanciamiento familiar: no hablan jamás con los adultos que se hicieron cargo de ellos cuando eran niños.

Las razones para dejar de hablar con los papás son numerosas y van, desde abusos de cualquier tipo, que se dieron en la infancia, hasta diferencias de pensamiento de la edad adulta: incluso en épocas electorales el número de alejamientos suele incrementar.

Sin importar el motivo, los especialistas señalan que el hecho de que cada vez más personas sean conscientes sobre la salud mental y las relaciones tóxicas, los ha llevado a incrementar estas rupturas familiares:

“Conceptualizar el acto de ruptura hacia un miembro de la familia es una expresión de crecimiento personal, y así como es algo común hacerlo en estos días, también es un fenómeno nuevo”, señala el psicólogo Joshua Coleman para la BBC.

Y es que, según reportan medios internacionales, a la par de este fenómeno también se ha registrado un incremento de padres que están yendo a terapia psicológica y hablando en las redes sociales sobre el distanciamiento de sus hijos.

Actualmente se pueden encontrar grupos de Facebook privados de padres de familia con hijos distanciados que llegan a los 4.500 miembros.

Dejar de hablar con los papás, ¿es una solución?

Para la psicóloga Galit Atlas, se trata de una forma que los jóvenes han encontrado para “censurar a las figuras opresivas y dañinas” para los que han sido impotentes:

“Lo que veo en mi práctica son casos de conflictos familiares mal gestionados, dinámicas de poder invertidas en lugar de negociadas”.

La experta añade que esto se hace con el fin de ganar un “sentido de seguridad y excluir a sus padres de sus vidas. Los roles simplemente cambian y el trauma solo se profundiza”.

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En Colombia, ¿cómo aplica?

De acuerdo con Catherine Salamanca , psicóloga clínica y psicoterapeuta de la Pontificia Universidad Javeriana con mágister en Salud Mental y Psicopatología de la Universidad de León; en Colombia la independencia emocional, física y económica de los hijos es más tardía en comparación con otros países.

Si bien no hay estudios específicos sobre las personas que han decidido dejar de hablar con los papás, y tampoco estadísticas, la especialista considera que, aunque hay un distanciamiento, por la cultura no siempre se da de manera total:

“No hay una creciente tendencia a romper del todo la relación con los padres. La pandemia hizo que se desataran rupturas familiares mucho más fuertes, alentando a la salida de los hijos de la casa materna”, señala.

Las relaciones se vuelven intermitentes, manteniéndose una comunicación distante. Esto, especialmente, porque la idea latinoamericana de la familia establece un vínculo mucho más fuerte que en otros países, por lo que no siempre es fácil cortar al 100 por ciento la relación.

“Los jóvenes hoy en día tienen una conciencia despierta, lo que lleva a que sean más críticos con sus figuras paternas, lo que les da una posición frente a la vida. Pero también se debe tener en cuenta que los padres hacen lo que pueden, con lo que tienen”, explica Salamanca.

Explica, además, que existe una menor tolerancia a la diferencia y pone como ejemplo el contexto de las marchas que se dieron en el país; generando posiciones políticas encontradas:

“Es mucho más fácil tolerar al que está afuera, a aquel a quien se tiene al lado. Lo que llevó a unos índices de desunión, distancia e intolerancia”.

Esto también tiene que ver mucho con la historia personal de cada joven, así como la personalidad de quien decidió tomar esa distancia:

“Cuál es su historia que llevan a que el sujeto vea el distanciamiento total como una única salida”, argumenta la experta.

Sin embargo, sí se determina que la generación de millennials (entre los 29 y 40 años) y parte de los centennials (de los 18 a los 26 años), asumen estas posiciones de manera más frecuente.

¿Qué consecuencias tiene dejar de hablar con los papás?

Los efectos no se pueden generalizar, ya que esta decisión puede generar para algunos un alivio; pero para otros, puede tener un efecto de culpa: hay resentimiento, dolor, incluso, sensación de venganza.

Según la experta psicóloga Catherine Salamanca, las consecuencias que genera dicha separación dependen del lugar de representación que tenga para la persona y la familia:

“La familia está sobrevalorada, me decía un paciente recientemente. Mientras otro me explicaba cómo su mamá es quien le da estructura de su hogar”, dice.

Quizá por esto mismo es que la ruptura se vuelve intermitente, porque no se puede cortar del todo dicha relación.

Vale la pena señalar que sí existe un vínculo con otras personas o situaciones como la pareja, los amigos o el trabajo; algo que pueda dar ayudar a las personas. De lo contrario, se puede caer en un vacío emocional.

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