El telescopio espacial James Webb alcanzó su órbita final a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, desde donde podrá observar las primeras galaxias del Universo.

En torno a las 19H00 GMT activó sus propulsores para alcanzar el punto de Lagrange 2, ideal para observar el cosmos.

“¡Bienvenido a casa, Webb!”, exclamó el jefe de la NASA, la agencia espacial estadounidense, Bill Nelson, en un comunicado.

En esta región del espacio permanecerá alineado con la Tierra mientras se mueve alrededor del Sol.

Webb está protegido por un parasol que lo ayudará en época de calor y de luz.

Con esta es la tercera vez que el telescopio activa sus propulsores desde que fue lanzado a bordo de un cohete Ariane 5 el 25 de diciembre.

El gran impulso del cohete se redujo deliberadamente para evitar que el instrumento rebasara su objetivo y asegurarse de que llegara a él por etapas.

Con dichas condiciones, Webb debería poder superar fácilmente su vida mínima planificada de cinco años.

La duración de la misión podría ser de 20 años, agregó.

“Alrededor de 20 años, creemos que probablemente sea un buen rango, pero estamos tratando de refinar eso”, aclaró. Es hipotéticamente posible, pero no anticipable, que una futura misión pueda ir allí y reabastecerlo.

El telescopio James Webb, cuyo coste para la NASA asciende a unos 10.000 millones de dólares, es uno de los equipos científicos más caros jamás construido.

Mientras que el telescopio espacial Hubble estaba en una órbita alrededor de la Tierra, Webb se halla en la zona del espacio llamada punto de Lagrange 2 (L2).

Allí las fuerzas de atracción de la Tierra y el Sol son contrarrestadas por la fuerza centrífuga del telescopio, en una trayectoria estable usando menos combustible.