Muchos estudios señalan que la mayoría de personas entre los 25 y 40 años (o generación millennial) está decidiendo no tener hijos. Pero pocos saben que, hasta tomar la decisión definitiva, se pasa por diferentes etapas.

Pues no se trata simplemente de un día amanecer y decir «no voy a ser padre/madre»; sino que a lo largo de hacer esta decisión efectiva existen momentos en los que se buscan las verdaderas razones y se fortalecen los argumentos para que al final, sea una realidad.

Y es que las mujeres, por su parte, tienen una presión social muy alta y hasta son estigmatizadas por no tener hijos; mientras que por el lado de los hombres poco se les critica.

Pero todo se hace mucho más complicado cuando ya se tiene una pareja estable y entre los dos han tomado esta decisión de por vida; que cuando ya has tenido señales que te indican que no deberías ser papá o mamá.

La investigación, elaborada por Kyung-Hee Lee y Anisa M. Zvonkovic, determina que existe un proceso de tres etapas en las que una pareja toma la decisión de no tener hijos de manera definitiva: acuerdo, aceptación y «cerrar la puerta».

  • El acuerdo es la primera fase del proceso de toma de decisiones y las parejas llegan coinciden en que tienen un punto de vista similar, pero del que deben ‘limar asperezas’ para llegar a un punto de lo que quieren a futuro.
  • La fase de aceptación se caracteriza por sentirse »en paz» (palabras dichas por los mismos participantes del estudio) con la decisión. Así, la cuestión de no tener hijos voluntariamente »se desvanece en el fondo’.
  • La característica principal de la fase de «cerrar la puerta» se reduce a que es simplemente la incapacidad física para tener un hijo.
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Al final, todo depende de la pareja

Hay que tener en cuenta que no solo se trata de vivir estas tres etapas que marcan el proceso de permanecer voluntariamente sin hijos; ya que hay dos factores que también inciden en esa decisión.

Se trata de la importancia de la relación de pareja y la fuerza de la convicción, que en la investigación surgieron como fuerzas impulsoras del proceso para que se convenzan de no tener hijos.

El primero hace referencia a cuán ‘enamorados’ o realmente comprometidos están el uno con el otro, al punto de que saben que llegarán juntos hasta la muerte; mientras que el segundo es la motivación real de por qué ambos tomaron esa decisión.

Ahora, si alguno de los dos llegase a dudar de esto, lo más probable es que se presentará un problema que podría, incluso, desembocar en la ruptura de la relación; más aún cuando uno de los dos no ha sido totalmente honesto en su forma de pensar.

Así, al fin y al cabo será de vital importancia que si se ha tomado la decisión de manera personal, quien sea su pareja esté en la misma sintonía o podría hacerlo dudar; lo que acarrearía también en consecuencias de carácter y personalidad.