Josefa Feitosa tiene 61 años y es una abuela que prefiere viajar en vez de cuidar nietos, lo que le ha generado una lluvia de comentarios de personas que la apoyan y otros, que la critican.

Es brasileña y dedicó la mayoría de su vida como trabajadora social en el sistema penitenciario de ese país, en la ciudad de Ceará, lo que le permitió no solo generar el dinero para mantener a sus tres hijos, sino también le brindó un mesada pensional cómoda.

Según relata a medios brasileños, toda su vida laboral tuvo que soportar una rutina de violencia y amenazas, especialmente, al defender a las mujeres transexuales; lo que la agotó física y emocionalmente.

“Mi cabeza era una basura biográfica de los demás. Bromeo y digo que decidí condenarme a la libertad y escribir mi propia historia”, señaló a Globo.

Desde el 2016 decidió salir de su país: viajó como conferencista, luego aprendió inglés en Irlanda y mientras estudiaba y trabajaba como niñera, trabajó en Holanda, Suiza, Italia y otros países europeos.

Luego en el 2018 regresó a Brasil y decidió vender todas sus pertenencias, muebles y posesiones para sumar más dinero: ha recorrido todos los continentes.

Hoy en día hace de influenciadora viajera de mayores de 60 años y tiene más de 16 mil seguidores en su Instagram, donde publica todas sus aventuras. De hecho, ya representa algunas marcas que le pagan.

Con lo que recibe del arriendo de su apartamento y la pensión, alcanza ingresos mensuales de $8.000 reales (cerca de $5’600.000 colombianos) que utiliza para viajar.

A propósito, ¿ya conoces la historia de la abuela que se vuelve viral al cobrarle a su hija por cuidar al nieto? Le dicen ‘codiciosa’.

“Los abuelos deben ayudar a criar a los nietos”

En sus mismas redes sociales muchas personas (que ella califica de “ortodoxas”) le han hecho comentarios despectivos en los que le dicen que debería estar cuidando a sus nietos:

“Hay mucha vida fuera de esta pequeña caja que llaman hogar. El abuelo no fue hecho para cuidar a su nieto“, responde ella.

De hecho, cuando tomó la decisión, gran parte de su familia no estuvo de acuerdo y no la apoyaron en su idea. Pero a ella no le importó.

Incluso, su hija menor estaba graduándose del colegio, por lo que fue ella quien experimentó el síndrome de nido vacío. Pero al transcurso de los meses lo aceptaron y la vieron feliz.

Actualmente, la señora acumula cerca de 48 países por los que ha estado viajando y conociendo las distintas culturas. Asegura que así seguirá por lo que le reste de vida.