La fiesta de la navidad está comúnmente relacionada con una tradición de occidente en la que los cristianos, en su mayoría ubicados en esta región del mundo, conmemoran el nacimiento de Jesucristo, el hijo de dios.

La globalización y la hiperconectividad han hecho que estas tradiciones fundamentadas en principios religiosos se expandan por todo el planeta, incluso a lugares tan impensado para erigir un árbol de navidad como la Plaza Yaser Arafat en Ramala, Palestina.

Nazanín Armanian, columnista persa de Público (España), relata en su columna cómo se vive la navidad en los países musulmanes que, en el imaginario popular, salvo los extranjeros que allí habiten, no celebran el nacimiento de Jesús.

Y sí, Armanian a lo largo de su texto aclara que la mayor pleitesía que tiene en estas fechas es la opulencia, particularmente de los países del Golfo Pérsico -excepto Arabia Saudí-, donde estas fechas se prestan para compras y gastos en exceso de millonarios y gente a dinerada de todo el globo. ¿Religión? Únicamente la del todopoderoso dólar.

Es importante hacer la salvedad de Arabia Saudí, un país en el que no se ve un Santa Claus, árbol de navidad o iglesia cristiana pese a que en su territorio hay cerca de un millón de personas a fines a dicho credo. Allá está totalmente prohibido la celebración de estas festividades en público, incluso para los extranjeros.

Otra nación extremadamente cerrada en sus creencias es Irán. Sin embargo, como relata Armarian, en aquel país se festeja el Yalda, una celebración que anuncia el solsticio de invierno. En la República Islámica, instaurada como tal en 1978, el gobierno permite que aquellos que “nacieron a fieles a Cristo”, es decir, los armenios, ashuries y caldeos de su territorio, realicen sus celebraciones en privado, pero prohíbe que haya cualquier tipo de expresión pública al respecto. Además, castiga a cualquier iraní que se convierta al cristianismo.

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Cruzando la frontera está Irak, nación en la que otrora vivieron más de medio y medio de cristianos pero que las bombas de Estados Unidos y sus aliados, sumadas a las continuas guerras fue mermando.

La represión también ha sido común, y contrario a lo que se podría imaginar, la mayor libertad de culto ocurrió durante la dictadura de Saddam Husein. Ahora, con el gobierno islámico instalado por EE. UU., y pese a que navidad fue declarada fiesta oficial en 2008, los cristiano ya no gozan de las mismas libertades o influencia que antes.

Armarian habla también de casos increíbles donde se han erigido árboles de navidad, como la plaza Abasyeen en Damasco (Siria) o incluso en la Plaza Yasser Arafat de Ramala (Palestina).

En Egipto la navidad se celebra, pero es un poco distinta a cómo la concebimos en occidente. Allí, solo los coptos (10 % de los 97 millones de habitantes del país) festejan este día, pero el 7 de enero como fiesta nacional.

La navidad en Egipto pone fin a un largo ayuno de 43 días que comienza para los coptos en noviembre y en el que se abstienen de comer productos procedentes de los animales. Esta población ha sido fuertemente perseguida y masacrada a lo largo de la historia, desde el emperador romano Diocleciano (s.I) hasta el ‘Estado islámico’.