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El 1 Opina

La otra forma o el deseo de autoexplotarse

Luis Felipe Núñez
Escritor y abogado

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La otra forma es una película construida con más de 60.000 dibujos y 400 escenarios. Involucró a más de 100 personas. Fue dirigida por el artista plástico Diego Guzmán y musicalizada por el compositor Daniel Velasco. Su creación tardó diez años, su producción más de tres y costó cerca de 2 mil millones de pesos.  Por la inteligencia de su lenguaje narrativo y una propuesta visual en la que coinciden lo onírico y lo espeluznante ha sido proyectada en los festivales de Annecy, Róterdam y La Habana, y ha conseguido, entre otros, los premios a mejor largometraje animado en el Festival Internacional de Animación Chilemonos y en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges.

Su protagonista es un hombre soltero que anhela encajar en el molde de una pieza de Tetris. Trabaja reparando baldosas y cada día aprieta las tuercas del mecanismo que convierte su cabeza en un rectángulo. Se siente vanidoso al comprobar que, poco a poco, su cuerpo asume la forma deseada, impuesta, normativa ¡Pero debe apurarse! Sus vecinos también compiten por tener una fisionomía acorde a la convención distópica. Nuestro personaje asume con mayor entrega su propósito por temor a que otro ocupe su lugar en la torre a la que asisten quienes han convertido su vida en el performance de ser una pieza de Tetris de carne y hueso.

El incentivo para quienes destinan su intimidad a la construcción de la versión perfecta de sí mismos es sumarse a un monolito humano, en el que se juntan los ciudadanos ilustres en un rompecabezas que, una vez completado, ascenderá a la luna como un cohete. Este es, en principio, el mayor deseo del protagonista: conformar la torre de lo ejemplar, el bloque de quienes han acatado al pie de la letra las prescripciones de la moral de turno. Así queda planteada la metáfora del triunfo de los valores de una sociedad sobre los individuos que la integran.

El ritmo con que el protagonista asume su metamorfosis es implacable. Y es que en un universo en el que los zapatos y la luna son cuadrados, donde el anhelo general es poseer un cuerpo poligonal, los objetos deben poseer la forma de los sujetos que los observan. Los más de 150 personajes diseñados y dibujados para contar esta historia están tan obsesionados como el protagonista por la modificación corporal y en esta lucha se someten voluntariamente a tratamientos médicos, a rutinas de entrenamiento, a prensas imaginadas a partir de máquinas de tortura.

Los personajes de La otra forma parecen condenados a matarse a base de encajar, de obedecer, de rendirse a las imposiciones de la competencia individual por ser mejor que el otro. Y el resultado no es alentador, porque una vez que logran la versión ideal de sí mismos se convierten en esclavos de su propia perfección. O son expulsados, detenidos u obligados a la rehabilitación por no ser lo suficientemente buenos, ambiciosos, determinados, y no serán aceptados hasta que demuestren su retorno a la normalidad productiva. El mérito del protagonista, de la modelo venida a menos, del perro y del loco que lo acompañan, consiste en perseguir una alternativa más allá de lo cierto, de lo seguro, de lo real.

En esta película, la sociedad está ansiosa por convertir la enajenación en una situación de ensueño, la autoexplotación el mayor objeto de deseo, la tortura en la única vía hacia la realización. Los héroes encarnan el defecto, la renuncia, la creatividad, la contemplación, quizá como un gesto de rebeldía sin causa o como una advertencia ante la extinción.

Vea el trailer:

*Esta película estará en carteleras a partir del 30 de marzo.

*Las opiniones expresadas en las columnas son responsabilidad exclusiva de los autores, y no representan  el punto de vista ni la posición del Canal 1.

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