Un empleado que mira un partido de fútbol durante su tiempo de trabajo resulta inapropiado, en principio. Sin embargo, en la práctica, existe “tolerancia”, excepto cuando está en juego la seguridad.

“El código de trabajo no prevé todas las faltas posibles e imaginables a un trabajador”, explica Christophe Noël, abogado especializado en derecho laboral. “Pero se supone que el empleado debe trabajar durante su tiempo de trabajo y no realizar actividades privadas”.

En Francia, por ejemplo, hay un artículo en su legislación que dispone que “la duración del trabajo efectivo es el tiempo durante el cual el trabajador está a disposición del empleador y cumple con sus directivas sin poder dedicarse de manera libre a ocupaciones personales”.

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“La regla es que siempre es constitutivo de una falta: al ver un partido, el asalariado no respeta su obligación de lealtad, puesto que no hace lo que se le pide” por el empleador, prosigue el abogado.

Los jueces ya se han enfrentado a este tipo de casos. En algunos de ellos, se consideró que se podía justificar el despido; en otros, dictaron que la sanción debía ser proporcionada a la falta y al perjuicio generado a la empresa.

¿Despido del trabajo por ver un partido de fútbol?

Por su parte, en materia disciplinaria, existe “un principio cardinal en derecho laboral, de proporcionalidad de la sanción en relación con la gravedad de la falta”, subraya Noël. “Hay grados entre culpa, amonestación oral o escrita, suspensión y hasta despido. Echar a un asalariado por ver un partido resulta un poco fuerte”, cree el letrado.

“Los casos examinados por la justicia van desde un vendedor que en su trabajo fue sorprendido por videos de vigilancia viendo un partido de fútbol hasta un piloto de aerolínea haciendo lo mismo en su móvil”, cuenta Noël.

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Entre los casos de despido, Noël cita a empleados encargados de la seguridad, como vigilantes o personas encargadas de la videovigilancia, que “de repente ya no están a lo que hacen”.

A veces, “la seguridad de personas puede estar en juego”, otras veces se trata de “una simple falta, pero sin consecuencias graves”, añade el abogado. “Entendemos que el grado de gravedad no sea el mismo”, señala el abogado.