Cuando la pandemia del Coronavirus dejó a Belén sin sus hordas de turistas, el guía turístico Raed Bannura buscó la manera de seguir ganándose la vida.

Su plan fue montar un pequeño restaurante, con un producto estrella, sándwich de carne con cebolla y especias, que poco tenía de innovador. Pero a la hora de iniciar el negocio, Bannura sí supo llamar la atención.

«Tengo un sándwich especial,» dice a la AFP. «Lo llamo ‘corona-sándwich'»

Belén, en Cisjordania ocupada por Israel, alberga la hermosa Basílica de la Natividad, construida en el lugar donde según la tradición cristiana nació Jesús.

Antes de la pandemia, decenas de autobuses con peregrinos y turistas convergían hacia el centro de la ciudad, procedentes de la cercana Jerusalén, tras atravesar el muro construido por los israelíes que rodea Cisjordania.

Ahora, sin turistas, los guías de Belén apenas tienen clientes, en una ciudad donde la mayoría de las tiendas y hoteles han tenido que cerrar.

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Fue entonces cuando Bannura tuvo una idea fulgurante, un día «a las seis de la mañana».

«Desperté a mi mujer: le dije, escúchame, ya sé cómo voy a llamar a nuestro restaurante: Corona-sándwich».

La primera reacción de la mujer fue llamarlo «loco».

«Yo le respondí: este nombre se va a propagar tan rápido como el virus», prosigue Bannura.

Ubicada cerca de la basílica, la pequeña cafetería es fácilmente reconocible gracias a su gran cartel, rojo y amarillo, anunciando el «corona-sándwich». Su menú también incluye un «hot-dog covid-19».

Al preguntársele si semejantes nombres no reflejan una ausencia de sensibilidad ante la devastación que el virus ha causado, Bannura replica: «Sé que hay gente que ha muerto, que corona es una enfermedad».

«Pero hay gente que también muere por el tabaco o el azúcar, y no por ello prohibimos el uso de esas palabras en nuestro vocabulario», alega sobre el corona-sándwich.

«Un filósofo dijo una vez que apenas el ancho de un cabello separa la genialidad de la estupidez. Sigo sin saber de qué lado yo estoy», agrega.

Navidad amenazada

Navidad es el período del año en que el turismo se dispara en Belén, pero muchos temen que este año no será así.

Ashraf Kawazba, mientras fríe falafel –especialidad culinaria de Medio Oriente– en su restaurante Abu Daud, asegura que durante las fiestas de Navidad «todo está lleno, y trabajamos sin parar, pero ahora todo aquí está muerto».

El alcalde de Belén, Anton Salman, admite a la AFP que «no espera nada» en estas próximas Navidades.

«Nunca hemos conocido nada igual a lo de ahora», dice, ni siquiera durante las revueltas o intifadas palestinas de 1987-93 y 2000-2005.

«Durante la primera y segunda intifada, las cosas eran difíciles, pero aún había oportunidades para el turismo», explica.

«Este año no hay turismo, no hay transportes, todo está congelado», se lamenta el alcalde.

Según Salman, el desempleo causado por el coronavirus en esta ciudad de 30.000 habitantes, se ha más que duplicado, pasando del 15% al 37%.

Por su parte, Bannura espera resistir hasta que retornen los turistas, pero no tiene la intención de cambiarle el nombre a su local cuando ello ocurra.

«Voy a conservar el nombre», dice. «Porque la gente vendrá aquí, y se dirá: ‘he sobrevivido, estoy orgulloso, y me estoy comprando y comiendo este corona'».

AFP