Con grandes risas y exclamaciones, los hombres y jóvenes de un pequeño pueblo del sur de India libran cada año una batalla de excremento de vaca.

Esta batalla es una especialidad de Gumatapura, situado en la frontera de los Estados de Karnataka y Tamil Nadu. Esta se produce siempre después de Diwali, la gran fiesta hindú de las luces, que es la principal festividad del país.

La fiesta, al margen de risas y juegos, tiene un sentido religioso: para los habitantes locales, su dios Beereshwara Swamy nació en una boñiga de vaca, explica uno de ellos, Chethan Kumar.

Y muchos hindúes, mayoritarios en el país, consideran que los excrementos de vaca, animal sagrado para ellos, tiene propiedades curativas.

«Es la razón por la que la gente de otros pueblos vecinos viene aquí para participar en la fiesta» dice a la AFP Shambu Lingappa, director de una escuela local.

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La jornada se inicia con la colecta de excrementos en cada casa de la localidad. Son transportados en remolques tirados por bueyes decorados con flores hasta el templo local, donde un sacerdote recita oraciones, antes de ser volcadas al suelo, donde forman un montón.

Hombres de todas las edades chapotean sobre los excrementos para formar con ellos bolas que les sirven luego de «municiones», bajo la mirada atenta de mujeres y niñas que filman la batalla con sus teléfonos móviles.

«Tomar boñigas de vaca con las manos cura muchas enfermedades» dice Mahendra, un maestro. Y los que se libran a este ritual «creen que jamás caerán enfermos».

En India, varios Estados prohíben la matanza de bovinos y el gobierno nacionalista ha creado una Comisión nacional de la vaca para proteger a estos animales y desarrollar productos que contienen su orina o sus excrementos.